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    LA FERIA DE SAN IGNACIO CERRO GORDO

    LA FERIA DE SAN IGNACIO CERRO GORDO


    San Ignacio Cerro Gordo

    Como todas las poblaciones de México y de Jalisco dedican un tiempo del año para festejar a su santo patrono o conmemorar algún aniversario importante


    Por: José de Jesús Vázquez Hernández


    Enero 29, 2018 20:01 hrs.

    Nacional › México › Ciudad de México

    Cultura

    Como todas las poblaciones de México y de Jalisco dedican un tiempo del año para festejar a su santo patrono o conmemorar algún aniversario importante, San Ignacio igualmente celebra su fiesta en este mes con un novenario que termina el último domingo de enero, con la presencia de un gran número de paisanos o bien identificados como los hijos ausentes.
    Este último día de la fiesta, los lugareños que llegan a visitar a sus familiares desde diferentes ciudades de la República o del extranjero son recibidos solemnemente, los cuales se reúnen el domingo por la mañana en los arcos de ingreso de la población, siendo el grupo más numeroso el que acude desde la ciudad de Detroit, California y otras ciudades de México.
    Los participantes marchan en peregrinación acompañados por bandas de música con destino al templo, quienes son observados a su paso por sus vecinos que capturan imágenes de los peregrinos que portan ofertas para entregar a la Virgen en la celebración solmene de la Eucaristía encabezada por el párroco del lugar, o bien el obispo u otro sacerdote invitado.
    Estas celebraciones me remontan a la infancia, allá por los años cincuenta, cuando los niños acudíamos a los juegos que carecían de la tecnología que ahora disponen los más modernos, mismos que se instalaban alrededor del centro, frente al templo parroquial; en ese tiempo los niños nos convertíamos en la fuerza motriz de algunos de ellos, como era el volantín y las sillas voladoras.
    En ese tiempo la mayoría de los niños asistíamos a la llamada escuela ’del señor Cura’, patrocinada por el párroco de los años cincuenta doctor José de Jesús Hernández Núñez, quien como suelen hacerlo la generalidad de los sacerdotes promueven una pastoral social integral, como lo hizo el párroco mencionado, que de una manera ejemplar guiaba a sus ovejas hacia el camino del bien.
    Era costumbre que ciertos niños rentáramos por una cantidad de diez o veinte centavos una varilla del volantín, quienes a la voz del encargado le empujábamos para que diera vueltas y después de que alcanzaba cierta velocidad y de darle una recia, ya en vuelo sujetos de la varilla, dábamos un salto para trepar al lado de los caballitos para pasearnos y así sucesivamente.
    Daba la casualidad de que al regresar de nuevo a la escuela al término de la feria, nos preguntaba: cómo nos había ido en la fiesta, y todos al unísono contestábamos, muy bien, y desde luego enterado de la situación, al particularizar el problema, nos preguntaba si le habíamos dado vueltas al volantín, y que cuánto nos habían pagado por hacerlo.
    Lógico, en lugar de que nos pagaran, a nosotros nos costaba darle vueltas o por trabajar como él nos decía, y una vez que nos explicaba la diferencia en pagar por trabajar o bien recibir a cambio del trabajo una remuneración, nos conducía hacia el brocal de un pozo que se localizaba cerca del salón de clases, tomaba la soga mojada que se utilizaba para extraer el agua y nos daba unos azotes, por pen…
    Según decía, era para que no olvidáramos la lección del pozo, como lo hizo al combatir el consumo del alcoholismo en el lugar, eso entre otras cosas acontecía en la feria de San Ignacio, ahora se realizan con más orden y solemnidad, donde se pueden pasar varios días disfrutando de todo lo que ofrecen estas festividades dedicadas a la Virgen de Guadalupe, que terminan con un magno desfile de carros alegóricos el domingo por la tarde.
    Enero 27/2018
    jjesusvah@hotmail.com

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