• Portada
  • Nacional
  • Política
  • Economía
  • República
  • Internacional
  • Deportes
  • Cultura
  • Tecnología
  • Opinión
  • Por Octavio Raziel

    Opinión

    Reencarnación

    Reencarnación


    La vida como es…


    Por: Octavio Raziel


    Noviembre 15, 2017 22:11 hrs.

    Nacional › México › Ciudad de México

    Cultura

    Después de agradecer al Eterno el permitirme ver la luz de un nuevo día, me surgió la pregunta si esto que siento es la vida de otra vida, o es única como tal. Me explico:
    Con cierta frecuencia, tenía lo que consideraba ’viajes’ a mis anteriores vidas. - Hay momentos de angustia que me vienen cuando veo cosas o escucho música de los 20’s o los 40’s –comentaba a mis amigos- y luego me preguntaba si serían espacios en los que dejé cosas sin terminar; rompecabezas de la vida que quedaron sin armarse. Piezas abandonadas en el pasado. ¿Qué pasará cuando se logre armar el acertijo de mi vida? ¿Finalmente descansaré en paz?
    En el pensamiento moderno, la reencarnación es el conjunto de ideas recogidas de la Cábala, procedente de Egipto y transmitida hasta nosotros por los pitagóricos y los neoplatónicos. Aparece también con los budistas y los espiritistas. En cualquier caso, es una creencia muy bella y esperanzadora. Nos consuela ante la aterradora perspectiva de desaparecer definitivamente después de la muerte.
    Para muchos, el viaje de la psique a través de los tiempos tiene por objetivo que el alma o espíritu aparezca de cuerpo en cuerpo a fin de aprender en diversas vidas las lecciones que proporciona la tierra y alcanzar una forma de liberación o de unión con un estado de consciencia más alto.
    En casi todas las filosofías –religiones- aparece este fenómeno. Sin embargo, las religiones judeocristianas (cristianismo, judaísmo e islamismo) no contemplan este ir y venir de las almas; sin embargo, creen en una resurrección al final de los tiempos.
    Por otra parte, corrientes orientales consideran que quienes no tuvieron un comportamiento positivo en esta vida podrían regresar como cucarachas, ratas, arañas y otras alimañas, a lo que Mónica expresó: ¡guácala!
    La cultura judía rechaza la idea de la reencarnación pues ’todos tenemos que morir, y seremos como agua derramada que ya no puede recogerse’ (2. Samuel 14.14.) a lo que se agrega que ’está establecido que los hombres mueran una sola vez y, luego, el juicio’ (hebreos 9.27), lo que hace para ese culto incompatible la resurrección con la reencarnación.
    Para algunas culturas mesoamericanas, el hombre llegó del paraíso a la tierra prestado y regresará a ese lugar algún día. Para los mexicas, por ejemplo, el paso por nuestro planeta no es una reencarnación sino una mera visita. ¿Acaso en verdad se vive en la tierra? Se preguntaba el poeta Netzahualcóyotl, que en otro poema expresaba ’sólo venimos a dormir, sólo venimos a soñar’. Cuaucuauhtzin, en otra poesía relacionada a la vida y a la muerte, decía: ’no volveré una vez más, jamás volveré a salir sobre la tierra’.
    Así, almas y cuerpos no pueden ser reciclados.
    Escéptico por naturaleza, al escuchar sobre la reencarnación sólo aserto a decir: ¡Pamplinas!
    Cuando escuchamos música o vemos objetos que nos remiten a la época en que fue escrita o elaborados los mismos, es, ciertamente, una regresión, pero no del alma, sino de una de las minúsculas partes de las que está formado nuestro ADN. Heredado de vida en vida, en algún momento, ese pequeño trozo de la espiral efectivamente estuvo en otro espacio, presente en tiempo y lugar, y quedó como un pequeño byte que brinca de disco duro en disco duro de una computadora a otra.
    Carl Gustav Jung imaginó lo que se denominó ’inconsciente colectivo’, esto es, una memoria almacenada en las adedeninas, guaninas, citocinas y tininas, o lo que es lo mismo, las pequeñísimas madrecitas que integran la doble hélice del ADN y que todos transportamos de alguna forma hasta nuestros tiempos.
    Diversas religiones nos venden el Paraíso (para los buenos) o el Infierno (para mí, por ejemplo) y varias filosofías nos ofrecen la reencarnación, como una chispa de esperanza en nuestra soledad universal (mientras los marcianos no se hagan presentes).
    Debemos olvidarnos de vidas pasadas y futuras y aceptar la muerte como sino fatal, como la gran maestra que nos susurra al oído: ’Carpe diem’, es decir, vive la vida en el aquí y el ahora, pues no sabemos que llegará primero, la muerte o el día siguiente.

    Comparte

    Escríbe al autor

    Escribe un comentario directo al autor