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  • Por Federico M. López Cárdenas

    Ser o no ser

    Ser o no ser


    Agnóstico, era para los griegos lo desconocido o lo incognoscible. En materia de religión el agnóstico es el que ignora si existe Dios o no. Elige no elegir. No hay cómo reprochárselo, la humildad parece estar de su lado y la lucidez también.


    Por: Federico M. López Cárdenas


    Junio 28, 2017 06:06 hrs.

    Nacional › México › Ciudad de México

    Cultura

    Este texto, es un compendio del pensamiento y disertación, respecto a la polémica de la existencia de Dios y el pensamiento liberal a través del tiempo, que hemos sostenido con muchas reflexiones mi amigo, filósofo y escritor Jorge Fraymann y el autor.

    Al respecto, los cambios suceden ahora a una velocidad insospechada e independientemente de cualquier criterio que se adopte, está claro que detrás de ello, está la defensa de los ’valores evangélicos’ y la lucha de un Estado laico en defensa de las libertades. Lo que siempre ha estado detrás: Libertad y Creencia, dogmatismo y liberalismo.

    Formalmente, en un Estado laico como lo es México, ni la Biblia ni la opinión de la Iglesia, deben guiar las políticas públicas o la actuación de las instituciones. Los Estados modernos se fundan sobre el principio de la separación Estado – Iglesia para que rijan leyes hechas por los hombres y no impuestas por los credos.

    La historia ha sido testigo de una lucha muy antigua, que ni siquiera se remonta a las Leyes de Reforma impulsadas por Benito Juárez; ser ’liberal’ es una posición muy arraigada; ser ’liberal’ arranca con el Renacimiento y el fin de la Edad Media; con el renacimiento de las ideas y con ello, un olvido del gobierno de Dios sobre el mundo y el universo y recobrar la importancia de existir. Liberales fueron lo mismo Galileo, Copérnico, Kepler, Giordano Bruno y Leonardo. Lo mismo Gorki, Engels, Marx, Nietzsche o Feuerbach que comprobó sociológicamente a Dios como un invento humano y a las actividades religiosas una forma de satisfacción de los deseos.

    Los primeros en identificarse con la palabra <<ateo>> vivieron en la ilustración del siglo XVIII. La Revolución Francesa, presenció el primer gran movimiento político de la historia en abogar por la supremacía de la razón humana. Voltaire, escritor y filósofo francés del Siglo de las Luces, criticó los abusos de poder de la Iglesia Católica y abogó por la libertad de culto, la libertad de expresión y la separación Iglesia – Estado desde el siglo XVIII.

    El pensamiento del siglo XIX no incluía el problema de Dios, sino que era tratado sólo por separado o por pensadores que representaban una vieja tradición. Es claro que a partir de ahí, el hombre no iba a renunciar ni a su inteligencia, ni a su pensamiento, ni a sus sentimientos, ni a sus pasiones.

    Hemos inventado el ser agnóstico. El agnóstico no toma partido, no se pronuncia. No es ni creyente ni no creyente. Deja abierto el problema y argumenta a su favor. ’Dado que no se sabe si Dios existe’ (si se supiera ya no habría problema) entonces ¿por qué habría de pronunciarse sobre su existencia?, ¿por qué pronunciarse sobre algo, afirmar o negar lo que se ignora?

    Agnóstico, era para los griegos lo desconocido o lo incognoscible. En materia de religión el agnóstico es el que ignora si existe Dios o no. Elige no elegir. No hay cómo reprochárselo, la humildad parece estar de su lado y la lucidez también.

    ’Sobre los dioses, no podemos decir nada, ni que existen, ni que no existen. Demasiadas cosas impiden saberlo: en primer lugar, la oscuridad de la cuestión; en segundo lugar, la brevedad de la vida humana’. Decía Protágoras en el siglo V A. de C. Tanto al creyente como al ateo, hablan mucho de lo que no pueden saber… ’Se que Dios no existe, es demasiada petulancia; - dice Sponville – es alguien que toma su falta de fe por un saber’. Y ’sé que Dios existe’ es la misma petulancia pero con fe…

    El ateísmo en la filosofía, tiene un dejo de abandono, pues es también una creencia pero negativa. Ser a – teo, es ser sin Dios, ya sea porque no cree en ninguno, o porque se afirma su inexistencia. Es una ausencia de creencia o creencia en una ausencia; ausencia de Dios o negación de Dios. Dos corrientes de un mismo río. Se cree en Dios o no se cree.

    El ateo contemporáneo trata de librarse del dogmatismo y la ignorancia. Si examinamos el existencialismo, veremos que no es tanto un ateísmo que busca demostrar que Dios no existe; sino más bien, que si Dios existiera, no cambiaría nada. El existencialista piensa que el problema no es el de su existencia; el problema es que el hombre se encuentre a sí mismo, ahí el esfuerzo de los filósofos existencialistas, persuadirse de que nada puede salvar al hombre de sí mismo, ni siquiera una prueba válida de la existencia de Dios.

    Es que los ateos ’tienen’ ciertos argumentos que más bien intentan huir de la ignorancia y del fanatismo, para ponerse a salvo. Argumentos nacidos entre otros, de observar ese tránsito ineludible de la magia al mito, del mito a la creencia religiosa y de ahí a la comprobación de la ciencia.

    A la caída de la mayoría de los dogmas surgieron nuevas respuestas, todas ellas derivadas de la razón, con ellas una revolución en la manera de pensar del hombre contemporáneo, alentado además, por las respuestas y el avance de las ciencias. A partir de Darwin se ha comprendido que no somos la especie elegida, sino una especie única entre muchas especies únicas, aunque eso sí, maravillosamente inteligente. Tantos años de ciencia nos hayan llevado a saber que la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra y al universo.
    (Continuará).

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